El día en que falleció la actriz española Amparo Baró, las redes sociales se llenaron de mensajes de despedida. Su nombre ocupó el primer lugar en la lista de Trending Topics españoles, y allí se mantuvo durante varias horas. Sin embargo, al mismo tiempo también se convirtieron en TTs los nombres de 7 Vidas y Sole, la serie que la hizo popular, y el personaje que interpretaba en ella.

Amparo Baró fue una actriz con más de cincuenta años de carrera en cine, teatro y televisión. Se manejaba con igual soltura en la comedia y en el drama (lo demostró en 2011 con un trabajo magistral en la obra Agosto), y su currículum como intérprete es enormemente largo y variado. Sin embargo, la mayoría del público la recordará por un solo papel, el de la adorable antipática profesional Sole de  «7 vidas». Un encasillamiento fruto de la relación emocional con una marca personal, la de un personaje de ficción, que el público dota de realidad y que fija en su mente como cualquier otra marca. .

Recientemente la familia de la popular serie «Cuéntame» sufrió una separación del popular matrimonio protagonista provocado por e personaje interpretado por Imanol Arias, el infiel Antonio Alcántara. Tal fue el disgusto de muchos espectadores con Antonio tras quince años juntos por «ofender» a su esposa de ficción Merche, que las marcas que empleaban la imagen de Imanol Arias en sus productos sufrieron problemas de boicot….. lo que el personaje de ficción hacía, afectaba al actor y a su vez a las marcas que empleaban a ese actor….. cuando en la vida real el actor se separó de su pareja el efecto no fue el mismo.

Es lo que podríamos llamar el Síndrome Chanquete; gracias a la cantidad de veces que TVE ha repuesto Verano Azul, muchas generaciones conocen al pescador interpretado por Antonio Ferrandis en la serie de dirigida por Antonio Mercero. O, mejor dicho, recuerdan a su personaje; la marca personal de Chanquete devoró a Ferrandis, y algo parecido ha ocurrido con Amparo Baró y Sole, Imanol Arias y tantos otros.

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No es un caso que se dé únicamente en España: Peter Falk será siempre el teniente Colombo, y cuando falleció Richard Harris nadie recordó Camelot ni Un Hombre Llamado Caballo… sino al Albus Dumbledore que interpretó en las dos primeras películas de Harry Potter.

Pero nosotros no somos actores, así que en principio esto no debería tener relación con nuestro campo profesional. O quizá sí. Siguiendo con el ejemplo de personajes populares, vamos a ver algunos casos en los que un solo trabajo puede ensombrecer el resto del curriculum…. Y las diversas maneras de resolverlo cuando esto ocurre. Porque hay oportunidades.

Los ordeñadores

Reciben la etiqueta con gratitud, y se dedican a potenciarla para sacarle rendimiento económico durante toda su vida. No faltan ejemplos en el mundo de la farándula y los medios (que a veces son lo mismo): desde Sylvester Stallone, ligado a las películas de acción desde hace ya casi cuarenta años, a Miguel Gila, que un día apareció vestido de soldado en el escenario de un teatro de variedades preguntando por dónde se iba a la guerra. En el mundo periodístico hay casos como el de Jose Luis Balbín, que en 1976 comenzó a presentar en TVE (años después continuaría en Antena 3) el programa de debate La Clave, y desde entonces su figura ha estado ligada a él… Hasta el punto de que cuando sacó una revista de actualidad, la título también con ese nombre.

Si has tenido la suerte de encontrar el éxito en tus primeros años como profesional, tú puedes ser un ordeñador. Para ello, deberás medir bien tus pasos futuros, procurando que nunca se aparten excesivamente de la marca-personaje que has construido –o con la que te has encontrado- en tus primeros años de carrera.

Los encasillados

Desde el momento en que la prensa les clava la etiqueta, quedarán con ella durante toda su vida. Están los actores que siempre hacen el mismo tipo de papel, pero el etiquetado se da muy menudo en la política: Rubalcaba el intrigante, Guerra el deslenguado, Calvo Sotelo el aburrido… A pesar de que dejó un gran libro de memorias políticas, Memoria viva de la Transición, lleno, quién lo diría, de un finísimo sentido del humor.

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Los camaleones

Cualquier etiqueta que se les ponga se termina despegando como un Post-It viejo. Se deconstruyen y se reinventan, y cada nueva reencarnación tiene un éxito similar entre su público. Woody Allen y Clint Eastwood dejaron atrás hace años sus respectivas imágenes como estrellas –de cómico y de tipo duro- para convertirse en cineastas respetados en todo el mundo. Juanma Iturriaga y Fernando Romay fueron excelentes baloncestistas… Pero posteriormente demostraron tener un gran carisma personal como presentadores de televisión. Tras abandonar su cargo de presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla se gana muy bien la vida, explotando en libros y apariciones televisivas la marca personal… de Miguel Ángel Revilla.

De hecho alguien que acaba de retomar su carrera de actor tras un paso por la política es el compañero de reparto de amparo Baró, Toni Cantó, que durante su tiempo ocupando un escaño tuvo que «superar su época de actor». En su etapa como político ha logrado no solo superar la prevención de muchos, sino aprovechar sus dotes para hacer una comunicación diferente. Con toda la distancia Ronald Reagan logró en EEUU pasar de actor de reparto a liderar la ideología conservadora en los sesentas, convertirse en gobernador y acabar siendo un presidente enormemente popular. Un camino que reprodujo, sin llegar a presidente pero sí a gobernador, Arnold Schwarzenegger. Y que ha vuelto al cine.

En un mundo laboral sometido a tantos cambios, es recomendable tener la capacidad de ser un camaleón. Pero es una habilidad que hay que trabajar: los cambios en tu vida profesional y tu marca personal serán una combinación entre la experiencia que has acumulado y tu capacidad de aprender cosas nuevas. Y no es un mal compañero de viaje tener siempre presente la idea de si te vas acercando a lo que siempre has querido hacer, o al menos disfrutar de lo que estás haciendo en cada fase de tu vida. .

Los Grandfinale

Terminamos el post donde lo empezamos: además de los casos de Antonio Ferrandis y Amparo Baró, podemos añadir a Luis Escobar, una figura de gran cultura y clave como empresario y productor teatral… Pero que ha pasado a la historia como el berlanguiano Marqués de Leguineche. Todos triunfadores llegados en la última etapa de su carrera profesional.

Pero salgamos un momento del mundo del espectáculo. Fijémonos en un personaje como Leopoldo Abadía. A los 73 años de edad- tras casi 40 años como consultor y profesor de escuela de negocios –  escribió un artículo sobre la crisis; su éxito «tardío» lo llevó a abrir un blog, que en poco tiempo recibió más de 165.000 visitas y de ahí pasó a escribir su best-seller La crisis ninja y otros misterios de la economía actual. Abadía lleva una vejez muy activa, pues al éxito de sus libros publicados desde entonces se añaden sus actividades como conferenciante y articulista.

Quizá tu marca personal esté ya encasillada y no lo sepas. Y sobre todo, quizá esté encasillada en el sentido equivocado. Al igual que ocurre con los personajes conocidos, esta marca errónea puede sembrarse con un simple comentario colocado en el momento y el lugar más inoportunos: Fulano es conflictivo para trabajar, es descuidado, vale para esto, pero para esto otro no… Te conviene investigar con discreción para saber qué se opina de ti. Tanto si es cierto como si no, la mejor solución es desmentirlo con tu trabajo diario; no es un método instantáneo, pero sí es eficaz. Y a lo mejor ese encasillamiento es una oportunidad.

A lo mejor decides que eres un camaleón y puedes dar saltos «no mortales» con tu marca personal.

Nadie sabe nunca cómo va a acabar; pero ninguno le haríamos ascos a una buena Grandfinale. Tanto en los casos de los actores como en el de Leopoldo Abadía, hablamos de gente con muchos años de preparación, que utilizaron para conectar con el gran público. Puede que tu idea de la Grandfinal ya la estés madurando, o que se te ocurra algún día de sopetón, pero cuando la tengas clara, deberías ir trabajando en ella. No esperes a que Verano Azul llame a tu puerta.


Esperamos que te haya gustado " ¿Sufre tu marca personal del “Síndrome Chanquete”? ".
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