En una vitrina muy sencilla de los Museos Vaticanos reposa el objeto más original de todos los que contienen esas masivas colecciones: un trozo de roca lunar entregada al Papa por los propios astronautas. Ese objeto no llama la atención porque no puede hablar, pero los hombres que lo llevaron a la Tierra sí que podían. Y lo hicieron.

Repasemos unos detalles sobre el mensaje y la frase que esta misión nos dejó para la historia.

moonlanding

Cuatrocientos cincuenta millones de personas estaban escuchando en directo, la gran mayoría a traves de la radio. Era un momento clave, algo más tranquilo para la NASA que el propio aterrizaje que tuvo en vilo a Houston.

Y al bajar la escalerilla, Neil Armstrong dejó caer su frase lapidaria: “That’s one small step for [a] man, one giant leap for mankind.”  (enlace al audio original)df7ca81795d8e172733f3bbf0201aabd

A pesar de ser un momento que con la perspectiva actual vemos como histórico, es poco conocido que la NASA, que planifica hasta la hora en que sus astronautas van al retrete, no tenía nada preparado para ese momento. Y eso que tenía perfectamente planificado la eventualidad de que fracasara la misión y murieran los astronautas, como ya analizamos en el post Houston, tenemos un discurso: el discurso que nunca se dió para el caso de desastre del apollo 11. 

Fue el propio Armstrong el que decidió, en las horas que transcurrieron mientras la nave estaba ya posada y se abrían las puertas, que “algo habría que decir”. Según el biógrafo de Armstrong, no lo ensayó. Solo tuvo dos horas para crearla y repasarla en su mente. Todo ello mientras seguía las exhaustivas tareas de post-aterrizaje.

Por tanto aquel no fue un acto de relaciones públicas perfectamente preparado, sino una improvisación de un solo ser humano. Aquella capacidad de síntesis y aquella frase sin duda construyeron la marca Neil Armstrong por encima de la de sus compañeros. De hecho, en la planificación de la NASA Neil iba a ser “el fotógrafo” y por tanto el que menos saldría en las imágenes, como efectivamente sucedió.

Desde un punto de vista del mensaje, este contiene todos los elementos de eficacia del discurso clásico. El conjunto de emoción y racionalidad, hábilmente cerrados en una  conocida frase de ida y vuelta. Introducir a un hombre (él) como embajador simbólico de todos (humanidad), y dar relevancia a un gesto (el paso) es magistral.

Una frase dicha antes de un acto físico (dar un paso, cruzar un puente, recibir al enemigo…) en línea con el Alea iacta est de Julio Cesar, o el “lucharemos a la sombra” de Diekenes en las Termópilas.

La frase de Armstrong tenía mayor trascendencia política de la que recordamos ahora; en plena Guerra Fría, los Estados Unidos podían “tomar posesión” de la Luna, y una sencilla frase podía significar una incorporación legal del territorio a los EE.UU.

Así que elegir una frase apolítica, incluso nada patriótica sino universal, fue un gesto que aportó aún más fuerza al impacto de aquellas palabras sobre una humanidad pegada a sus aparatos de radio, o viendo en un blanco y negro borroso al hombre que daba el gran paso para todos nosotros.

Ese verano de 1969 la revista Esquire había dedicado su portada a preguntar a diferentes personalidades sobre qué hubieran dicho ellos. Ninguna de aquellas frases aportadas por Truman Capote, Muhammad Ali o Vladimir Nabokov, entre otros, tenían la calidad y eficacia de la de Armstrong. Quizás Armstrong leyó la revista, o quizás no. No tenemos el dato. Pero dedicó unos minutos en el momento más ajetreado de su vida a recordar que tenía que decir algo y ese “algo” tenía que ser relevante.

Lo que sí sabemos es que una sola frase eclipsó todo el resto de la misión y se constituyó en una de las más repetidas de la historia. Y convirtió a Armstrong en uno de los personajes más conocidos del mundo.

Ahora pensemos en lo que habría sido la imagen de Armstrong sin aquella frase. Porque ninguno de nosotros somos capaces de recordar el nombre de otros comandantes de misiones de la NASA. A él le recordamos no por ser el primero en pisar la Luna, sino por haber dicho esa frase.

Así que, por acercar esta historia al mundo de la oratoria y la marca personal, ¿cuántas veces has preparado lo que tenías que decir para un momento relevante? ¿Has logrado sintetizar todo lo que querías en sólo una frase? ¿Has dotado de humanidad y generosidad a esa frase para lograr mayor emoción? Y sobre todo, ¿la has dicho? ¿O en el último minuto te ha entrado pánico y te la has callado?

La próxima vez piensa una frase y ¡dila!

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Bonus de humor: Y para acabar, por aportar un poco de humor, es recomendable saber la opinión del humorista español Goyo Jiménez sobre este mismo hecho histórico y qué hubiera dicho un español. Yo no podría resumirlo mejor.


Esperamos que te haya gustado " Primer hombre en la luna: ¿qué hubieras dicho? ".
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