Un fallo de mensaje, una carga suicida a caballo, un poema épico…Y mucho que aprender de comunicación…Y de jerseys…SEguidme, tengo un plan de comunicación

Esta es una historia que hemos visto más de una vez en el cine, recreada en la literatura o analizada por los especialistas en historia militar y en la era victoriana. Un error del que aún se siguen descubriendo detalles. Pero a nosotros nos interesa examinarla desde el punto de vista de la comunicación, y de los fallos y aciertos cometidos en este terreno de los que podemos aprender mucho los profesionales del medio. Y si lees hasta el final aprenderás incluso de moda… Al menos de jerseys de punto.

Una carga suicida por un error de comunicación

Año 1854. Batalla de Balaclava. Crimea. Un general -Lord Raglan- mira a dos valles desde un alto y ve en uno a una impresionante cantidad de artillería, y en el de al lado otro grupo de cañones retirándose. Al instante, envía a un mensajero urgente para que la caballería persiga a los que se retiran.

El general puede ver todo el campo de batalla. A veces en comunicación creemos que lo que nosotros vemos lo ven los demás.

La orden la recibe una brigada de caballería ligera, dotado de su montura y de una lanza como protección, comandada por Lord Cardigan. Desde el punto donde se encuentra sólo puede ver, al final del valle en el que están apostados, una impresionante masa de cañones; no puede ver otros cañones, los que se retiran tras los montes, que son a los que, en realidad, se le ordena perseguir.

Los hombres sobre el terreno solo ven el terreno. Y si no les contamos el cuadro completo, sencillamente no lo verán.

El mensaje recibido por Lord Cardigan le ordena «avanzar al frente, seguir al enemigo y evitar su huida». El general de la Brigada Ligera lee la nota, luego mira los cañones de su valle y las tropas que están a su vista y pide explicaciones al mensajero. Este, un capitán ayudante de campo llamado Nolan, en línea con la arrogancia británica -y con la hostilidad reinante entre los generales, cada uno en pugna por ser el héroe de la campaña- le contesta con un desdeñoso gesto de su mano que abarca desde los cañones que se ven hasta los que no se ven. Y guarda silencio, estirado y firme sobre su montura.

La comunicación no verbal puede influir en cómo interpretamos los hechos.

En ese momento desde lo alto de la colina, el general dice a su trompeta que dé la orden de agruparse antes de tomar una decisión definitiva sobre el ataque. El trompeta lanza el toque de «agruparse», un toque preciso que todo jinete de caballería ha escuchado miles de veces y ejecutado otras tantas. Pero en el fondo del valle, el eco hace que se escuche un sencillo toque, difícil de distinguir. Las tropas están esperando la orden de atacar. Así que todos entienden que la trompeta ha ordenado «al ataque».

Todo sistema de comunicación que empleamos puede verse afectado por el entorno o por fallos técnicos.

Lord Cardigan traga saliva  – sin que se note, que la flema inglesa está en juego – ordena montar, avanzar y por «el valle de la muerte» primero trotan y luego cabalgan 600 jinetes. Nada más iniciarse la carga, el jinete que ha llevado la orden, el capitan Nolan, pone al galope a su caballo y adelantando al grupo, gesticulando con su espada, trata de interponerse entre el general y la brigada; parece que lo que estaba intentando hacer era avisar del error, pero el general lo interpreta como que está tratando de coger la delantera para acaparar la gloria. Así que ordena acelerar la marcha hasta que lo adelanta, gritándole un insulto mientras lo hace. El mensajero muere en ese momento, alcanzado por una de las primeras explosiones.

A veces las cosas no son lo que parecen, y mantener las apariencias puede llevar al error.

La Brigada se lanza entre balas y bombas, y tras atravesar un infierno de prolo y fuego, logran alcanzar los cañones que sí pueden ver. Hacen mucho daño, logrando que los rusos se retiren durante un rato, pero cuando llega el contraataque ruso, los supervivientes de la carga emprenden el regreso a su posición. Durante el repliegue, son acosados por más balas de cañón y de fusil que acaban con buena parte de jinetes y monturas. Sin ayuda, porque el humo y el polvo impiden a las tropas en retaguardia ver que se ha logrado lo imposible y que si se hubieran lanzado a auxiliar a sus compañeros de armas podría haberse alcanzado el objetivo. Se consiguió lo imposible, pero se perdió por no poder verlo.

El ruido de la propia comunicación a veces impide ver lo que realmente sucede.

Dos de cada tres atacantes ingleses, y prácticamente todos los caballos, han muerto o están heridos. Una masacre. El general Lord Cardigan ha estado al frente de la carga. Tras volver a sus posiciones, sigue enfadado con el mensajero -el fallecido capitan Nolan- por pensar que quería liderar «su» brigada en el acto heroico. Entrega su caballo a un ayudante, sin mirar al valle lleno de muertos y heridos, y se retira a cenar a su yate amarrado en el puerto de Balaclava donde cena con champán. Durante toda la noche rumia su enfado con el general y con el capitán Nolan que estuvo a punto de quitarle la gloria de su carga de caballería.

A veces, las intenciones de cada uno dan lugar a interpretaciones totalmente erróneas de un mismo hecho. Y las ambiciones personales pueden ser el mayor obstáculo para la comunicación.

En conjunto, un enorme fallo de comunicación – o una secuencia de pequeños fallos de comunicación – ha provocado un desastre.

La comunicación tras la batalla… la épica del error

A pesar del desastre, como en todo acto público, tras el mismo se ponen en marcha nuevos efectos derivados de la primera comunicación.

A pesar del polvo, desde las lomas que rodean el valle otros batallones han podido ver, como espectadores en un estadio, toda la operación. La carga de caballería ha sido tan impresionante, el objetivo tan imposible, que el mero hecho de que hayan rozado el éxito hace que todos los presentes tengan una profunda admiración hacía la Brigada Ligera y su sacrificio. Todos tratan de entender cómo una misión imposible casi ha logrado el éxito y concluyen que ha sido el valor. Que a pesar del desastre, un «poco más de valor» hubiera logrado un éxito. En el conjunto del ejercito se genera la misma admiración que muchas veces se concentra en contar nuestros éxitos, en lo bien que nos salen las cosas. Aunque no hayamos participado en ellas.

Lo que la gente quiere es conocer los trucos, las enseñanzas que solo nacen de los errores. De «casi conseguirlo».

Una carga de caballería es un espectáculo impresionante. Si has visitado un hipódromo y has sentido el temblor del suelo cuando corren ocho o diez caballos, imagina el efecto de 600 caballos pesados a la carga. Si añadimos los cañones y la muestra indiscutible de valor y esfuerzo, en un ambiente propenso a admirar este tipo de cosas -los otros jinetes de ambos ejercitos-, entonces estamos ante una visión inigualable. Por eso a veces lo que objetivamente está siendo un fracaso puede ser percibido como algo hermoso si tiene una estética y un sentido para el público. La estética juega un papel importantísimo en lo que percibimos de un hecho.

«Morir bonito» o al menos hacer las cosas con cierta estética como forma de comunicar.

En Londres las noticias de la batalla tardaron varias semanas en conocerse, y de hecho llegaron primero los rumores de que «la caballería había dado un gran ejemplo en Crimea». Por eso al empezar a desvelarse los detalles del hecho, el público inglés, marcado por la admiración y expectativa que había creado la primera noticia de «un acto heróico», cada nueva información recibida sólo servía para reforzar aquella primera imagen colectiva. A pesar de estar siendo informados de un desastre, como la primera noticia fue de «acto heróico» todo nuevo dato reforzó esa impresión inicial.

Lo que pensamos o recibimos como información al principio, incluso antes de tener toda la información, marca cómo procesamos el resto de datos.

¿Y por qué un acto fallido, fruto de un error, llega mitificado hasta nuestros días? Porque en la época en que tuvo lugar persistía un sistema antiquísimo para que la gente recordase y transmitiese la información: los poemas épicos. Pocos minutos después de leer la noticia en The Times, Lord Tenysson comenzó a componer su famoso poema, que puede leerse aquí. En parte, lo hizo debido a su condición de «poeta laureado», contratado por el gobierno inglés para ir creando odas sobre los asuntos de actualidad. Esta práctica era una forma brillante de generar comunicación sobre temas de importancia, transmisible de memoria de una persona a otra sin necesidad de haber leído algo, en una época en la que muchas personas no tenían acceso a los medios o a la lectura: el público memorizaba estos poemas, que pasaban de boca en boca y extendían el mensaje deseado, reforzando de nuevo la admiración hacia el hecho.

Esta práctica ha permitido que aún en nuestros días podamos saber lo que pasó en Troya o los avatares del Cid.

No desprecies lo que la gente se cuenta de palabra.

A partir del mito: películas ,»material promocional» y algo de humor

Por supuesto todos los factores que hemos enumerado convirtieron a la Carga en el argumento de novelas y, más adelante, de películas. Algunas, como la protagonizada por Errol Flynn en 1936, incluía un impresionante discurso a las tropas, y una curiosa escena final de los generales repasando los hechos de comunicación de la batalla, mucho más realistas sin Flynn una vez que este ha «muerto bonito». Y una carga así, pensaron los de Hollywood, tenía que haber empezado con un gran discurso, así que lo inventaron, añadiendo más épica al hecho.

La Última Carga, de 1968, cuenta con más fidelidad y crudeza todos los pequeños detalles que llevaron al desastre de comunicación debido a las tensiones entre las clases sociales, el deseo de gloria de unos y las peleas y rivalidades entre casi todos. Y como todo ello terminó provocando una total falta de comunicación.

Porque la gente busca al ser humano detrás de las grandes acciones

Además de todo esto, los supervivientes de la carga, cuando volvieron del frente, fueron convertidos en héroes, y se convirtieron en personajes famosos para el resto de su vida, entrando a formar parte del folklore y la cultura popular, que gusta tanto de la épica, como de anécdotas, chistes y «sucedidos».

Porque asociamos los objetos con personas y la repetición genera marcas.

Como anécdota, que refuerza la importancia de este tipo de hechos de comunicación, el tipo de chaqueta que Lord Cardigan empleaba en sus apariciones públicas para contar la «batallita» se hizo enormemente popular. Tanto como para que desde entonces se use su nombre para designar este tipo de prenda. Un cardigan será un cardigan para siempre, gracias a la Carga de la Brigada Ligera. Una batalla bien vale un jersey.

Porque hay naciones, como Inglaterra, que siempre logran comunicar bien. Incluso sus fallos y derrotas. Y el humor tiene cabida, siempre.

Otra excelente muestra es el epitafio de uno de los supervivientes de la carga suicida –James Bosworth– que falleció a la edad de 70 años arrollado por un tren tras haber sobrevivido en su juventud a una de las acciones militares con mayor porcentaje de muertos de la historia.

En su lápida se puede leer este epitafio con humor inglés:

A pesar que de tiros y bombas volaban rápidas a su alrededor,
En el llano de Balaclava,
Pasó sin marca para caer al fin,
Arrollado por un tren

Como hemos podido ver, un acto militar fallido y dramático tiene su origen en un fallo de comunicación y gracias a la comunicación pasa a la historia. Una historia que,a su vez, nos enseña mucho sobre comunicación.

 

Para saber más

Para conocer más sobre la batalla de Balaclava en la que se produjo la carga de la Caballería ligera te recomendamos este documental en español.

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Esperamos que te haya gustado " Por el valle de la muerte (de la comunicación) cabalgaron los 600 ".
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