El V Centenario Teresiano que se celebra este 2015 es una magnífica oportunidad de revisitar la figura de Teresa de Jesús, Teresa de Ávila o Santa Teresa, desde muchos puntos de vista. También, para lo que aquí nos interesa, el de la marca personal.

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Puede que en principio suene a algo demasiado lejano a este mundo, tanto en el tiempo como en las diferencias que separan a nuestra sociedad de la de Teresa. Además, ¿qué tiene que ver la vida de una religiosa con el emprendimiento y la marca personal? Más de lo que parece: lanzarse a los 47 años de edad a crear una nueva orden religiosa en un entorno hostil es un proyecto para el que hacen unas cualidades que no difieren demasiado de las requeridas hoy en día para lograr cualquier objetivo personal o profesional. Y en cuanto a la marca personal, no tiene una, sino dos: una es la actual, la que tiene de ella la mayoría de la gente del siglo XXI, independientemente de sus creencias; otra, la que se construyó ella misma en su época, y que resultó su principal arma a la hora de vencer todos los obstáculos que se presentaron a la consecución de la gran obra de su vida, la reforma de la Orden del Carmelo.

Mística con los pies en la tierra

Santa Teresa es un caso interesante sobre cómo la marca personal puede evolucionar con los años, e incluso los siglos, hasta convertirse en una caricatura despachada en dos frases. Ya escribió Américo Castro que “Teresa de Ávila suele ser llevada de uno a otro recinto siempre envuelta en aureolas mágicas” y en efecto, si preguntamos hoy por su figura, mucha gente recordará ante todo su misticismo y sus éxtasis, en los que afirmaba tener a Jesucristo hablándole directamente al oído.

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Sin embargo, un somero resumen de sus logros muestra que pocos místicos en la historia pasaron tanto tiempo como ella con los pies en la tierra. No tuvo más remedio, pues su marca personal de la época comprendía dos obstáculos que hacían su ilusión imposible. Primero, era mujer, y las mujeres, tanto dentro como fuera de la Iglesia, sufrían la mancha de ser consideradas de mente inferior al hombre y, por tanto, se las mantenía alejadas del ámbito intelectual. Segundo, sus vivencias místicas en las que declaraba que Jesucristo le hablaba directamente sobre el hombro izquierdo, la pusieron en el punto de mira de la Inquisición. Pretender que se hablaba con Dios contravenía la doctrina de la Iglesia, tanto para hombres como para mujeres.

Podemos añadir a ello el origen judeoconverso de su familia –su abuelo fue procesado por la Inquisición en 1485-, y el hecho de que su idea de fundar una nueva orden religiosa la enfrentaría con otras órdenes ya existentes, que no veían con buenos ojos la competencia a la hora de repartir tanto los fieles como los donativos.

¿Cómo pudo luchar Teresa contra estos obstáculos?

Varias estrategias para un mismo proyecto

Las cinco bases sobre las que Teresa de Jesús cimentó la obra de su vida no están demasiado alejadas de las que hoy serían necesarias para sacar adelante cualquier proyecto personal o profesional. Son estas:

1. Objetivo diferenciado

A la hora de justificar su propósito de fundar la nueva orden, decir que Jesucristo se lo había ordenado no era un argumento suficiente. Teresa de Ávila tuvo que explicar por qué el nuevo Carmelo era necesario y qué carencias en la estructura de la Iglesia vendría a cubrir su fundación. En otras palabras: la nueva orden proponía actividad apostólica, pobreza material y mayor rigor en la oración y el ayuno para cubrir la demanda de nuevas corrientes espirituales en busca de orientación. Esa fue la base sobre la que cimentó su proyecto.

2 Adaptar el mensaje

En la época de Teresa, la escritura era la principal vía de comunicación, y ella no sólo pertenecía al pequeño porcentaje de la población que sabía escribir, sino que estaba dotada de un talento descomunal para las letras. Ello le sirvió para pasar a la historia de la literatura, pero también para escoger el tono adecuado para cada interlocutor en su abundante correspondencia. Consideraba un insulto la idea de que la mujer fuera intelectualmente inferior al hombre, pero se guardaba muy bien de decirlo en según qué mensajes. Para evitar suspicacias, aclaraba desde la primera página que escribía con autorización de su confesor, pero párrafos como este de Fundaciones no permiten albergar dudas de que conocía muy bien los efectos de su labor: “Porque estamos en un mundo que es menester pensar lo que pueden pensar de nosotros, para que hagan efecto nuestras palabras”.

3. Tribu de influencia

Teresa contaba con fuertes enemigos, pero también con apoyos de fuste. Su educación la había formado para moverse con comodidad entre la aristocracia de la época, aunque su simpatía natural le facilitaba entenderse con todas las capas sociales. También mantuvo contacto directo con letrados, humanistas y confesores, y todo el que pudiera enseñarle algo. Recibió el apoyo directo de su confesor Juan de Ávila, el franciscano Pedro de Alcántara, la Duquesa de Alba, la aristócrata Luisa de la Cerda o San Juan de la Cruz. Tuvo también gran habilidad para atraerse a los comerciantes; la prosperidad de que gozaba Castilla cuando comenzó su labor, le permitió conseguir de ellos importantes donaciones, que estos hacían para tranquilizar su conciencia y asegurarse la salvación.

4. Aprendizaje y renovación continuos

Teresa fundó el primer convento de la Orden del Carmelo cuando se acercaba a los cincuenta años de edad. Sus veinte años restantes los dedicó por entero a la orden, lo que la obligó a adquirir una batería de conocimientos nuevos: leyes inmobiliarias, de compra y venta, administración, gestión y economía, e incluso arquitectura para intervenir directamente en la proyección y edificación de monasterios como el de Duruelo, señalando incluso los materiales de construcción que habían de utilizarse. Cuando se le forzó a asumir el priorato del convento de Medina del Campo, se ocupó de la administración y mejoró su situación económica.

5. Sortear los obstáculos… o saltarlos (respetuosamente)

San Juan de la Cruz fue uno de sus principales aliados, y el fundador de la rama masculina del Carmelo, lo que le supuso enfrentarse con la antigua orden de las Carmelitas, que llegó a encarcelarle en Toledo. Enterada de la noticia, Teresa, en un enorme acto de atrevimiento, escribió al rey Felipe II para pedir su liberación. También escribió al Vaticano en varias ocasiones; siempre situándose en la posición de humildad que le correspondía y disculpándose por su atrevimiento… Pero exponiendo con claridad a continuación sus necesidades.

Dejando aparte una de sus citas más conocidas: “nada te turbe, nada te espante”, muy útil como referencia a la hora de emprender cualquier proyecto, incluso en pleno siglo XXI.

En definitiva, un ejemplo práctico de cómo los elementos de marca personal pueden servir hasta para los objetivos más elevados.

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