Cuando EEUU realiza la ceremonia inaugural de un nuevo Presidente de los EEUU lo hace con el mismo boato y ceremonia que una entronación de Rey, sin embargo, el cargo del Jefe del Estado de los Estados Unidos lleva asociado un nombre que se inventaron los padres fundadores para evitar emplear “Rey de los Estados Unidos”. Del mismo modo muchos emprendedores se hacen la pregunta: ¿qué cargo poner en la tarjeta de visita? Fundador, presidente, CEO, inventor…

Veremos algunos ejemplos históricos de nombres para cargos y otros recientes sobre la importancia del cargo y su denominación.

Muchos emprendedores y PYMES se enfrentan al reto de buscar un cargo que denomine con precisión su posición en la nueva empresa: Consejero Delegado, Presidente, Socio Fundador, Jefe… Algunos incluso pueden poner más de uno. El problema viene cuando no se piensan bien las cosas, la decisión se toma a la carrera en el momento de elegir las tarjetas, y ahí se queda. No para siempre, pero casi, como un error bastante difícil de enmendar.

Como suele decirse, “pasa en las mejores familias”. Hay abundantes ejemplos de cargos de denominación complicada, que se remontan al líder de los nacientes Estados Unidos y llegan a casos cercanos (y extremos) de algunos emprendedores famosos como Mark Zuckerberg o Steve Jobs.

 Aprendiendo de la historia

Fundador, Presidente, Cónsul…¿cuál elegir?

Aunque ahora el término “Presidente” lleve consigo toda la pompa de un Estado, en sus orígenes fue precisamente lo contrario, un intento de buscar una nueva denominación más “ligera”, o dicho de otro modo, crear un cargo con poderes de Rey, pero de clase media.

Referido al máximo mandatario de un país democrático, el cargo de Presidente tiene su origen en la revolución y posterior constitución de los Estados Unidos de América; los revolucionarios buscaron un término que transmitiese humildad frente a la monarquía que los había oprimido, y del que estuviesen ausentes los privilegios de sangre, sin lugar alguno en los principios fundacionales de lo que iba a ser su nueva nación.

¿Pero Washington pudo realmente ser el primer Rey de Estados Unidos?

La población, y parte del Congreso, quería que George Washington fuera, efectivamente, un rey electo, por contradictorio que esto nos pueda sonar. Sin embargo, el propio Washington y muchos de los “padres fundadores” tomaron la decisión de inventar un término, que hasta entonces no se hubiera utilizado nunca para designar al jefe de un Estado.

Parece que se manejaron varias opciones de base clásica – Cónsul, Canciller o, sí, incluso Rey o Príncipe- pero en su búsqueda de un cargo lo bastante humilde como para designar la democracia, y al mismo tiempo lo bastante rotundo como para imponer respeto, optaron por el de Presidente. Ha sido una de las escasas ocasiones en la historia de la Humanidad en las que se ha elegido un término para aparentar menos de lo que se es. De hecho, al elegir “Presidente” lo que hicieron fue dar continuidad al cargo de mayor relieve que habían venido usando para la persona que presidía (del latín praesidere , o persona que lidera las deliberaciones de un organismo). En este caso era el término que ya se empleaba en las sesiones del Congreso Continental o los Congresos Provinciales, aunque eran cargos de tipo supervisor, sin poderes ejecutivos.

Aunque el Jefe de Estado de los Estados Unidos tuviera poderes equivalentes o incluso superiores a muchos reyes de su época, el recurso a un término “de clase media” para definir el cargo daba una imagen de que se restaba importancia a ese poder. Y era, al mismo tiempo, una forma simbólica de marcar los límites de quien lo ostentaba.

La elección del término no tardó en crear escuela. En 1807 en Haití, Henri Cristophe se convirtió en el primer gobernante que se definió como Presidente después del de Estados Unidos. A partir de ahí, la moda empezó a cuajar. Los territorios americanos de España, a medida que se independizaban y elegían a sus propios jefes de Estado, optaron también por llamarlos presidentes. Así que puede decirse que en cierta manera, el término Presidente es americano del norte en sus orígenes, pero mucho más usado en español por los americanos del sur.

Lo original del caso norteamericano queda más patente si lo comparamos con otro proceso revolucionario posterior, como el que ocurrió en Francia. Allí, el resultado final fue que alguien como Napoleón acabó llamándose a sí mismo Cónsul y, finalmente, Emperador. Quizás por la cosa de la grandeur...

El mundo de la empresa

¿Y cómo tengo que llamar a mi cargo cuando la empresa es mía?

Emprender, poner en marcha una nueva empresa, es una buena oportunidad de poner nombre a las cosas, especialmente a tu puesto profesional. A la hora de elegir cómo vas a llamar a tu cargo, puedes ir a lo seguro -Presidente, Director General, Socio Fundador- o aprovechar la oportunidad para inventarte un nombre. Esto último es más común de lo que crees.

A fin de cuentas, mostrar espíritu innovador es uno de los valores principales de toda empresa de nueva creación. Algunos han comenzado dando ejemplo con su propio puesto. Vamos a ver los casos de superemprendedores como Zuckerberg, Yang, Jobs… y algunos todavía más creativos.

El caso Extremo: el fundador de Facebook

 

From 'The Social Network' Movie: Mark Zuckerberg Business Card [CEO, Facebook]

Todo hemos caído en la tentación de la pomposidad a la hora de elegir nuestro cargo, pero probablemente nadie haya llegado al extremo del fundador de Facebook, Mark Zuckerberg. Para empezar, se quedó con el término de máximo ejecutivo (CEO, o Chief Executive Officer), pero además encargó dos tarjetas profesionales distintas: en una aparecía sólo su cargo (CEO), pero en las otras añadió la frase “I’M CEO, Bitch” algo así como “soy el CEO, cabrón”.

Como confirmó David Kirpatrick en su libro ‘The Facebook Effect’, Zuckerberg tenía que cuidar mucho cuál de las dos tarjetas entregaba en según que reuniones. Pero tampoco pasaba nada si se confundía; a fin de cuentas, para eso era el CEO… cabrón.

El caso intermedio: Yahoo! o la alineación con la compañía

Jerry-Yang-Business-CardOtro caso es el de Jerry Yang, fundador de Yahoo!, que en sus tarjetas se definía como “chief yahoo”, cargo que podía interpretarse como “jefe de Yahoo!” (la compañía) o “jefe del ¡Hurra!” (la exclamación), o también en el sentido peyorativo del término -“cateto, raro”- lo que identificaría a Yang como “jefe de los raros”. Pero interpretaciones aparte, lo que queda claro es que al unir cargo y compañía en la definición del puesto se está demostrando espíritu de responsabilidad y plena alineación con su marca y sus principios.

El caso modesto: Steve Job “vicepresidente de Desarrollo”

Steve-Jobs-Business-Card-Apple-Computers-circa-1979-300x187En el caso del que sin duda ha sido una de las figuras más idealizadas del mundo empresarial, Steve Jobs, nos encontrarnos un caso de modestia interesante.

Durante gran parte de su primera época en Apple, Jobs eligió el cargo de Vicepresidente de Desarrollo, aunque todo el mundo sabía que era mucho más, como se encargaría de demostrar en los años siguientes.

Usos creativos: el cargo “hágalo usted mismo”

Un buen amigo en el sector publicitario emplea en sus tarjetas el término “ex-pianista de burdel” para referirse a su cargo, en un guiño que todo publicitario conoce por un libro del creativo francés Jacques Segelá “No le digas a mi madre que trabajo en publicidad. Ella piensa que soy pianista en un burdel”.

No ledigas a mi madre que soy publicitario dile que trabajo en un burdel

Vicente Fernández de Bobadilla, colaborador de esta web y autor de un blog de éxito, La vida alrededor, se define como “escribidor”. “La idea me la dio el libro de Vargas Llosa “La Tía Julia y el Escribidor”, nos cuenta, “y lo uso medio en broma, pero la verdad es que creo que es un término en español que define muy bien a los creadores de contenidos”.

En resumen: ¿Quién te impide inventar tu cargo? (¡Nadie!)

Antes de que existieran los Presidentes, nadie los llamaba así. En el caso de tu cargo en una nueva empresa o en tu propio proyecto profesional tienes todo el poder para elegir el nombre que desees. Sólo tienes que procurar que sea coherente con tu personalidad, el espíritu y la marca de tu proyecto. Y no olvides que, si te falla la imaginación, puedes emplear cargos ya existentes.

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