Es curioso que la primera batalla y el primer tratado de paz de los que hay registro documental, la batalla de Kadesh entre egipcios e hititas, esté relacionada con cuatro grandes “exageraciones propagandísticas”. La primera, que los egipcios ganaron la batalla; la segunda, que los hititas ganaron la batalla; la tercera está relacionada con un tal Moisés que pasaba por allí, y la cuarta, con unos griegos que contaron también su “batallita” en Troya. faraonymoises

3.200 años de engaño…

La Batalla de Qadesh -o Kadesh-, tuvo lugar en el año 1274 antes de Cristo entre las tropas del faraón egipcio Ramses II y las tropas del hitita Muwatallis.

Durante los últimos 3.200 años, los visitantes a prácticamente cualquier templo egipcio han podido observar inscripciones y estatuas homenajeando a Ramses por su victoria en esta épica confrontación. Todo turista que haya pasado por Karnak, el templo de Luxor, Abydos o Abu Simbel ha traído entre sus recuerdos de Egipto las imágenes de un vencedor Ramses II en su carro.

Además, un poema llamado el Pentaur, uno de los primeros relatos escritos de la antigüedad, daba detalles milimétricos de la batalla. Ramses convirtió la victoria de Kadesh en el eje de su reinado. ¿Quien podía oponerse al poder de un faraón que había vencido a sus enemigos a miles de kilómetros?.

Sin embargo, cuando en el siglo XX comenzaron las excavaciones que empezarían a documentar la historia de la civilización Hitita, los arqueólogos se llevaron una buena sorpresa: Al investigar en la antigua capital, Hatussa, (situada en lo que hoy es Turquía y Siria),  descubrieron que el rey Muwatallis también había vendido internamente aquella batalla como una gran victoria.

Los hititas, menos conocidos que los egipcios, eran un imperio que ocupaba la península de Anatolia, y que tras su desaparición pasó casi desapercibido hasta finales del siglo XIX. Aquello empezó a cambiar a partir de 1905, cuando el descubrimiento de su archivo principal permitió conocer mucho de su historía, que en esa época sólo tenía los documentos egipcios como punto de referencia.

Gracias a ello, hemos podido saber que el resultado de la gran batalla del mayor faraón egipcio es, sencillamente, mentira. O que las fuentes de la Biblia son bastante creativas desde el punto de vista histórico.

Lo que pasó de verdad: empate tras la prorroga

La batalla de Kadesh tuvo lugar durante el avance invasor de Ramses II en los territorios de lo que hoy es Siria. Aunque los hititas venían presionando con ataques el limite norte de la influencia egipcia, ninguno de los dos imperios conocía con exactitud la verdadera dimensión del otro ejercito.

En el quinto año de su reinado, el faraón Ramses II había iniciado una campaña victoriosa que en solo un mes le había llevado a  dominar toda la península de Canaá (actualmente Palestina e Israel).  Contaba para ello con cerca de 20.000 infantes y 3.000 unidades del mayor avance bélico de la época: el carro egipcio de batalla, al cual el propio faraón no dudaba en subirse para liderar y dar ejemplo a sus tropas.

Pero con lo que no contaba el joven faraón es que muy al norte se encontraría con un ejército de tamaño muy similar al suyo, y con un gran avance bélico… El carro hitita pesado.

El caso es que la batalla (la primera en la historia la que tenemos ahora detalles absolutamente minuciosos de los dos bandos) fue un enfrentamiento entre 5.000 carros de ambas partes.  Un error cometido por Ramses en su afán de tomar la ciudad de Kadesh llevó a que sus fuerzas se separaran en dos grandes grupos. Los hititas aprovecharon la circunstancia para atacar con sus carros al grupo liderado por el propio faraón, que logró milagrosamente salvar a parte de sus tropas y reunirse con el grueso de su ejercito.

Tras un día de ataques con el balance del resultado cambiando de bando a cada momento y  con grandes perdidas para ambos, parece que los dos ejércitos acordarón, o sencillamente aplicaron, un respetuoso plazo de no agresión.

La primera paz por escrito de la Historia

La batalla acabó en empate técnico gracias al valor de ambos reyes -Ramses demostró su valía personal lanzándose a salvar a sus tropas al frente de su carro- pero sobre todo a su  inteligencia de no enfrentarse hasta el final en una lucha que hubiera estado demasiado igualada. El faraón y Muwatallis volvieron cada uno a su capital, probablemente agradecidos de haber sobrevivido y mantener intacto el grueso de sus fuerzas tras haber conocido a un ejército equivalente al suyo del que no tenían noticia en todo su alcance.

Los ejércitos retrocedieron a sus territorios y no volvieron a enzarzarse en una batalla campal; aunque no por ello dejaron de producirse enfrentamientos entre ambas potencias. Sin embargo, nos han dejado el primer tratado de paz de la Historia del que tenemos constancia por escrito, firmado por ambos imperios quince años después de la “batalla del empate”. Una copia del texto de este tratado preside hoy uno de los muros de la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. 

Ambos ejércitos, a la vuelta a sus capitales, conmemoraron este empate técnico como una gran victoria.

Tras la batalla, la humillación. Pero la distancia hace el olvido…

Al proponer el inmediato cese del combate, Muwatallis demostró su gran inteligencia. El armisticio le permitió ahorrar unas pérdidas que no hubiera podido permitirse, ya que poco después de Kadesh debió enviar los restos de su ejército a sofocar diversas rebeliones en otras partes de su imperio.

Ramsés y su ejército retornaron cabizbajos a Egipto, abucheados y silbados despreciativamente por la gente de cada poblado que atravesaban. Para mayor humillación, las tropas hititas siguieron a los egipcios hasta el Nilo a pocas millas de distancia, dando toda la impresión de que escoltaban a un ejército derrotado y cautivo.

La humillación de los soldados egipcios fue tan grande que todas las partes de Siria que quedaron bajo su dominio tras Kadesh se rebelaron contra el faraón (algunas de ellas incluso antes de que el ejército pasara por allí en su marcha hacia Pi-Ramsés). Todas ellas buscaron el cobijo hitita y quedaron bajo su órbita durante muchos años. Fue un momento épico para los pueblos de la zona, que acababan de ser derrotados en el viaje de Isam y probablememte el inicio del orgullo de un pueblo que pasaba por allí y que más adelante conoceríamos como el pueblo de Israel. Un poco más adelante hablamos de ellos.

Las relaciones públicas egipcias y 3.000 años de piedras contando una versión

Lo primero que hizo Ramses II para paliar los daños a su imagen fue encargar un largo relato (en algunas fuentes incluso se menciona que lo escribió el propio faraón), donde se daba tal cantidad de detalles sobre la batalla que era difícil refutar la aseveración de que fue un éxito. El Poema de Pentaur tuvo tal difusión que hasta nuestros días han llegado hasta ocho copias perfectamente conservadas.

Por su parte, los artistas egipcios hicieron también su papel tomando la batalla como fuente para sus bajorrelieves en los que aparece el propio Ramses en su carro.  Un buen ejemplo de ello es el templo de Abu Simbel, comenzado diez años después de la batalla y que tardó otros veinte en terminarse, donde para impresionar a los nubios situados en la frontera sur de Egipto se incluyó una minuciosa y épica descripción de la victoria de Kadesh contra el enemigo del norte.

Entra Moisés en escena

Para añadir más emoción a toda esta “Víctoria a dos bandas” aparece un tercero en discordia. Un pequeño pueblo en la península de Canaán (por cierto, bajo dominación egipcia y situado en la ruta de Kadesh). Ya hemos mencionado que los pueblos de esta península “se vinieron arriba” al ver pasar por sus tierras al hasta entonces victorioso faraón. Tal vez fuera ese el momento en que se sembró la semilla de las historias de este pueblo de sus triunfos sobre los egipcios.

Uno de sus líderes, un tal Moises, sería rescatado siendo bebé de las aguas del Nilo y criado como su propio hijo por la hija de Ramses II. Según el relato de la Biblia, y con permiso de Cecil B. de Mille, es lógico deducir que recibió una educación de príncipe y que tendría ocasión de conocer la historia de Kadesh contada de primera mano por su propio abuelo. Quizá por ello la victoria obtenida en las aguas del Mar Muerto con la ayuda de Dios tenía un fuerte efecto simbólico para los pueblos de aquella zona en la época: porque los carros cubiertos por las aguas habrían sido los carros vencedores de Kadesh, dirigidos en esta ocasión por el hijo del propio mito.

¿Quien miente mejor?  O el campeonato del mundo de exageraciones propagandísticas

Los discípulos de Moisés, a imitación del propio Ramses, se aseguraron de escribir su propio extenso poema sobre los acontecimientos; es lo que hoy llamamos Antiguo Testamento y donde, oh sorpresa, los judíos parecen haber sido el pueblo victorioso de toda la zona, tanto sobre los egipcios como sobre los desaparecidos hititas. De hecho, en un giro inesperado de la historia, el afán de demostrar la validez de lo dicho en la Biblia llevó a que decenas de estudiosos de las Escrituras buscasen a los pueblos allí mencionados, y de ese modo lograsen redescubrir a los hititas. Claro que, como efecto colateral, ello acabaría llevando a descubrir las exageraciones egipcias y, por ende, las propias exageraciones del “pueblo Elegido”.

Al final, la verdad se acaba imponiendo a la propaganda (aunque tarde dos mil años)

Curiosamente los egipcios, que recogían en sus escritos hasta el último grano de trigo y la situación de cada carro en una batalla, no hacen ni una sola referencia a Moisés y sus portentos.  Solo una estela llamada de Merentptah (el hijo de Ramses II) recoge una referencia a uno de los pueblos que habían derrotado.  

La misma sorpresa que ha esperado miles de años para revelarse es la que se llevaron los arqueólogos e historiadores cuando descubrieron que los hititas también contaban la batallita como una de sus victorias.

Arde Troya

Para añadir más emoción, cabe apuntar un detalle que incorpora a un cuarto pueblo “exagerado” a la historia, con minúsculas, de esta comunicación de propaganda. Un grupo de ciudades mediterráneas (Esparta, Atenas, Rodas) decidieron escribir un largo poema épico sobre la derrota que habían logrado infligir a una ciudad llamada Troya… gobernada precisamente por los hititas. Parece que por entonces presumir de haber derrotado a este pueblo, aunque se tardara diez años, era algo así como ganarles a los alemanes al fútbol.

Pero esa es otra historia.

Al final la historía la cuentan los vencedores… o los supervivientes que mejor comunican, siempre  que el enemigo este lo bastante lejos como para no llevarnos la contraria.  Y sobre todo, la comunicación la lideran los que dejan constancia de su versión, los que escriben un libro, a ser posible con forma de poema,  y hacen las inscripciones correspondientes sobre sus victorias, aunque sean mentira.  Total, debió de pensar el faraón, sólo tardarán unos miles de años en descubrirnos.


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