Cómo evitar este tipo de situaciones:
1. No saberse el guion, sino el argumento de la película. Saberse el guion es lo que se pide a un actor, pero un orador debe saberse la letra y también la música (el tema o argumento de la presentación), es decir, tener un concepto claro de qué se quiere decir. Saber cual es el contenido que se quiere transmitir, independientemente de las palabras que se utilicen, ayuda a poder improvisar unas frases sobre el tema. Si solo te sabes un texto, y todo falla, estarás enfrentado al vacío. No seas un actor.
2. No depender de los efectos especiales. Si tu presentación se basa solamente en la técnica, en los efectos especiales, la probabilidad de que sea una mala presentación, sin alma y sin espíritu es muy elevada. Las personas comunican mejor que cualquier aparato. No olvides que sin un buen tema y una buena historia, tu presentación puede quedarse como una película que solo tenga efectos especiales. Mucho presupuesto, pero abocada al fracaso en taquilla.
3. Plan B. Los presentadores con más experiencia saben que si todo falla deben tener preparada una vía de escape. A veces un par de frases que permitan solventar una crisis o desastre total. Tener un plan B, o un paracaídas de emergencia puede requerir algo más de tiempo de preparación, pero te salvará de muchos desastres.
4. Don’t take it personally. El origen del pánico suele ser la sensación de que algo personal malo va a pasar por no hacerlo perfecto. Pero debes recordar que hacerlo medianamente mal no es tan malo como el no hacerlo. Si tienes un fallo, basta con disculparse. Si además éste tiene origen en la técnica, no olvides que nadie te culpará de que falle un enchufe. Y debes recordar que las palabras siguen teniendo tanto poder como el mejor equipo tecnológico. Puedes sustituir cualquier error si tienes alguna alternativa.
5. Saber decir “adiós” y “perdón”. Si el pánico te ataca de forma brutal,y ante la tentación visceral de huir, debe intentarse, cómo mínimo, recurrir a una sencilla forma de despedida. No te vayas sin decir “adiós”. No huyas. Saca fuerzas y cierra una frase de cierre tipo “hasta aquí lo que quería decirles” y despídete. Nadie sabrá que tu discurso tenía que durar más. Y si cometes el error, dar la cara como hizo Michael Bay para dar alguna explicación, parece lo lógico.