“Un hombre de fuerza e inteligencia extraordinaria puede no ser más que un cero en la sociedad si no sabe hablar”,  William Channing (líder religioso estadounidense S.XIX)

Nota: Este artículo es un trabajo en curso,inacabado e incompleto, tratando de ir recogiendo material dentro de Elocuent con un contexto histórico. Pero una vez tiene cierta masa crítica y parece que “se deja leer”, hemos preferido compartirlo aun a sabiendas de contener errores y ausencias. Sufrirá múltiples revisiones y correcciones que no identificaremos, pero que pueden cambiar sustancialmente el contenido.  Si tienes algún comentario o idea, déjanosla en los comentarios. Gracias. El equipo de Elocuent.

Historia de la elocuencia en los post de Elocuent

Y es que desde tiempos remotos, las diferentes civilizaciones han contado con la palabra, sea hablada o escrita, como forma de establecer, mantener o justificar el liderazgo.

Es tal su fuerza que hasta nosotros han llegado las palabras de líderes de hace muchos milenios, pero también las de hombres normales que supieron decirlas en el momento y con la fuerza adecuadas. Sabemos las frases que dirigieron a sus tropas o a sus seguidores hombres como Alejandro, Cesar, Pompeyo o Cornelio Scipión.

Pero es tal el poder de la elocuencia, que su poder traspasa siglos y culturas. Gracias a la fuerza de elocuencia conocemos las frases de hombres sencillos como Diekenes,un espartano en la Batalla de las Termópilas que, ante la lluvia de flechas enemigas, gritó la celebre frase de “Mejor, así lucharemos a la sombra”.

En otro caso similar de la fuerza de las palabras, durante el desembarco de la invasión de Britannia por Julio Cesar s al estar recelosos de saltar al agua los legionarios y enfrentar a los britones que se encontraban relativamente cerca de las naves, uno de los portaestandartes de X Legión (la favorita de Julio César y por cierto formada por Hispanos) saltó al agua llevando el águila (cuya pérdida, era totalmente indigna para las legiones) después de gritar “¡Saltad conmigo, soldados, si no queréis que nuestra águila quede en poder del enemigo! Yo , al menos, cumpliré con mi deber para con la república y con mi general” . No sabemos su nombre, pero sí sus palabras.

La oratoria es el arte de hablar elocuentemente, de persuadir y mover el ánimo mediante la palabra. “Es la habilidad de conmover y convencer” según un escritor griego.

En una intervención den TED ya repasamos la necesidad de que estas historias y discursos personales se conviertan en la fuente de la Historia (TEDX Video: “We need your story, so you can make history” (Víctor Sánchez del Real) )

Desde los orígenes de las primeras civilizaciones hubo quienes hicieron uso de la palabra de manera pública, pero la oratoria, como arte especializado, fue desarrollada, fundamentalmente, en Grecia.

Los griegos consideraban que el arte de hablar era el instrumento fundamental para alcanzar prestigio y poder político.

Sócrates fue el creador de una famosa escuela de oratoria en Atenas, su principio fundamental consistía en que el orador debía ser un hombre instruido y movido por altos ideales éticos con el propósito de garantizar la estabilidad y el progreso del Estado. De esta escuela Demóstenes fue uno de los más destacados.

De Grecia la oratoria pasó a la República Romana, donde Cicerón, considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas, la perfeccionó. Los jovenes romanos destinados a seguir el cursus honorum dedicaban al menos un año de sus vidas a asistir a alguna escuela griega de oratoria.

Los Romanos eran un pueblo especialmente dotado para la palabra, pero hasta la introducción del helenismo en Italia, en el siglo III a. C. no se dieron cuenta de lo poderosos que podrían ser si la empleaban bien, tomando ejemplo de los griegos y teniéndolos como maestros. Todos conocemos los nombres y las obras de los grandes oradores griegos Demóstenes, Esquines y Lisias. Los Romanos quisieron estudiar el estilo, la composición y las formas literarias de estos oradores para dar brillantez a sus discursos.

Desde los comienzos del siglo II a. C. se habían establecido en Roma muchos oradores griegos (rhetores graeci) que enseñaban elocuencia en griego. A pesar de que el senado expulsó a los filósofos y oradores griegos en el año 161 a. C., no se consiguió que dejaran de enseñar filosofía y elocuencia.

A imitación de los griegos muchos oradores propiamente romanos (rhetores latini) se dedicaron a enseñar elocuencia, oponiéndose de esta forma a los griegos, pero no se oponían del todo, ya que el arte que ofrecían a sus alumnos era totalmente griego, si bien se lo enseñaban en latín. Ésta fue la manera de que la oratoria griega se extendiera por toda Italia. 

En un curioso ángulo de la historia, fueron los ciudadanos romanos oriundos de Hispania los que más destacaron en la oratoria, como Luico Cornelio Balbo el Mayor, que acompañó a Cesar y fue amigo de Cicerón. O el más conocido Séneca el mayor. El caso de Los tres tenores hispanos de la retórica: Séneca, Lucano y Quintiliano merece una lectura aparte.

No en vano esta capacidad oratoria y para el discurso de los oradores y senadores hispanos sentó las bases para que acabaran llegando al poder emperadores nacidos en estas tierras.

Tras la caída del imperio romano la oratoria entro en crisis debido a la poca utilidad política en un entorno autoritario, dominado por el emperador o reyes con poder absoluto. 

En esta época queda la oratoria reservada par los debates religiosos donde alcanza sus mayores techos con la reforma y el debate escrito por la Fe. 

En el ámbito militar reyes y generales son los que recurren a la convicción de las palabras para motivar a las tropas. 

Durante el XVI y el XVII no son celebres los discursos, a pesar de que poesía y teatro están al orden del día. Caso aparte es el de Quevedo que es recordado por frases y breves textos satíricos en su eterno debate-lucha con Góngora.

Renace la oratoria, y con ella la elocuencia, con el debate político del XVIII o XIX, con momentos gloriosos en la independencia americana, la revolución francesa y las revoluciones libertarias, y la extensión del parlamentarismo moderno por toda europa. El Siglo XVIII abre la llegada de nuevos aires. Los Estados Unidos, un nuevo país, empieza a ser el foco de grandes discursos. Y nuevas estrategias como  La estrategia Benjamin Franklin , una de las figuras más reconocidas en su época.

Es interesante ver como en el XIX nace una corriente “visual” para la elocuencia. Un gran ejemplo es  el de Un gráfico que salvó millones de vidas: La rosa de Florence Nightingale

Otro ejemplo visual de esa misma época: resumir el desastre de Napoleón en una gráfica.

En America es celebre el discurso de Abraham Lincoln tras la batalla de Gettysburg. Considerado en EE.UU. como el mejor discurso de su historia, sus diez frases y menos de 300 palabras, son recordadas. Incluso un termino de este discurso “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, se ha convertido en un elemento esencial de la definición de democracia, llegándose a incluir en los textos de algunas constituciones. 

La llegada de regímenes autoritarios a Europa, como el soviético, fueron un freno para la libertad de expresión e hicieron que el liderazgo no recurriera a las palabras sino a los hechos para gobernar.  Por contraste, el otro regimen autoritario con el que convivió una década, el regimen nazi alemán, sí que hizo uso de la oratoria y la fuerza de la imagen, para lograr motivar a las masas. Hitler movía a las masas con discurso en el que prevalecen los términos fuerza… la sangre, la raza, la lucha… Hitler pasaba horas y horas frente al espejo para ensayar sus arengas.

Hitler y sus coetaneos se enfrentaron a la primera ocasión en la que los oradores podían hacer llegar sus mensajes simultáneamente a millones de personas. Primero la radio, el cine y posteriormente la televisión marcaron un cambio en la oratoria y la elocuencia que no ha dejado de acelerarse.

La crisis del 29 en Estados Unidos  y la propia segunda guerra mundial provocó el resurgir de oradores como Winston Churchill, al que debemos la expresión “sangre, sudor y lágrimas” o Franklin Delano Roosevelt , quien nos explicó que a lo que hay que tener miedo es “al mismo miedo”. Rooselvet es el único presidente americano reelegido cuatro veces, quizás porque tenía su propio programa de radio que alcanzaba las máximas cuotas de audiencia?. Charles De Gaulle se hace celebre no en el campo de batalla, sino con su llamamiento por radio   a la resistencia contra Alemania en la II Guerra Mundial?.  Incluso en medio de las batallas aparecen ejemplos como el de Eisenhower: Carta a las tropas que participaron en el Día D  o Eisenhower: el plan B del Día D. Otro emotivo ejemplo es cuando Rooselvet intercambia cartas con una madre que ha perdido a sus cinco hijos en combate.

Celebre es la frase que utiliza  John F. Kennedy en su toma de posesión como presidente de los EEUU: “no os preguntéis qué puede hacer vuestro país por vosotros, sino que podéis hacer vosotros por él”. No en vano es el presidente que gana unas elecciones, contra todo pronostico, al imponerse en un nuevo medio, la televisión, que su oponente Nixon despreció.  o quizá, la más representativa de la Historia, el 28 de agosto del 63, cuando Martin Luther King habló de su gran sueño: “I have a dream”.

En un ámbito más frívolo puede ser interesante el caso de Estrategia marca Marilyn Monroe y un pequeño misterio.

La carrera espacial dio un ejemplo con el Primer hombre en la luna: las palabras al llegar.

Las últimas décadas del siglo XX han visto como los artistas, fundamentalmente actores y músicos, se convertían en los grandes motivadores, no solo con sus actuaciones, sino también como foco de atención con discursos sencillos ya amables – cuando no populistas, lejos de los temas propios de su profesión y entrando en política muchas veces. Los Beatles, John Lennon son ejemplos de esta tendencia de discursos a los que atendía el mundo provenientes de personas sencillas pero con el acceso a los medios de comunicación.

Mientras podíamos analizar si los discursos de los políticos se están volviendo más tontos.

Los directivos y empresarios, con sus vaivenes provocados pro las crisis, también ha protagonizado el escenario de la oratoria. Desde Bill Gates a Steve Jobs, pasando por Richard Brandon, las marcas como Apple, Microsoft o Virgin han usado el discurso de una persona, su máximo ejecutivo o dueño, para lanzar mensajes más humanos y de enorme éxito a la luz de las ventas de sus productos.

La llegada de internet provocó un renacer de la palabra escrita, pero este avance, y más recientemente la difusión del acceso a internet, sobre todo en dispositivos móviles, y  las redes sociales, han traído una democratización del discurso no conocida en ninguna época del pasado. Si el siglo XX llevó la voz de los líderes a millones de personas, Internet y las Redes sociales han dado voz a millones de potenciales líderes de opinión para ser escuchados también por las masas. De hecho se cumplen15 años ya del articulo de Tom Peters en el que anticipaba la revolución de las marcas personales.

Esta capacidad que permite liderar opinión y difundirla a millones de personas desde un móvil que cabe en la mano hasta personas en todo el mundo, contrasta con la enorme generación de “ruido” que hace que los discursos y los mensajes se pierdan en un mar de información. No en vano la revista TIME decidió elegir “persona del año”…. a todos nosotros.

Existen ya estudios que tratan de estas nuevas “tribus” , como analizamos en De qué tamaño es mi tribu de marca personal: la respuesta está en tu cerebro .

Y  en la era Internet, ha surgido el efecto Barak Obama . Su discurso sintetizado en tan sólo tres palabras “yes we can” simplificaron su discurso politico, emocionando a los votantes americanos como en el pasado.  En elocuent lo hemos contado en Caperucita y Obama, el arte de contar historias  y en El teleprompter: ser un orador como Obama.

En Francia el “Quiero una Francia en la que los chicos se pongan en pie cuando entra el profesor” de Sarkozy sintetiza bien todo un programa de gobierno.  En el mundo han surgido también numerosos líderes populistas, que siguiendo el ejemplo de Fidel Castro, por ejemplo, y basándose en discursos sencillos, emocionales y agresivos, están logrando perpetuarse en el poder: Chavez, Kirchner, …y sus sucesores familiares o colaboradores cercanos.

Y ahora surgen nuevos retos y nuevas oportunidades, como la Economía de la reputación: ¿Será la marca personal la moneda del futuro?.  También nuevos riesgos y nuevas oportunidades.  Nacen nuevos crímenes (como vimos en Cindy Crawford recupera su dominio .com de manos del porno ) y oportunidades para artistas noveles (Xuso Jones: Del McDonalds a la fama pasando por youtube).

En varios miles de años la síntesis , la emoción, la persuasión, ha contado con tres elementos clave para el éxito de quienes los empleaban: el ser realizados por personas, el tener mensajes bien construidos, y el uso de la imagen para generar marcas o imágenes potentes. Personas poderosas, pero ahora cualquier individuo, con la posiblidad de cambiar el mundo o hacer su propio mundo.

Podemos aprender mucho de esta historia tan elocuente y llena de elocuencia.


Esperamos que te haya gustado " Breve, e incompleta, historia de la elocuencia ".
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