LA VOLATILIDAD DE LAS NOTICIAS

 Colaborador: Miguel Angel Arroyo

Perfil: Con una amplisima experiencia de comunicación en y para grandes marcas e instituciones españolas, M.A.Arroyo nos ayuda a reflexionar sobre otro aspectos de comunicación y marca


LA VOLATILIDAD DE LAS NOTICIAS

Un rasgo típico de nuestro tiempo es la fugacidad con la que aparecen y desaparecen las noticias por importantes que sean. Apenas ha despertado nuestro interés o nuestra preocupación un acontecimiento determinado, cuando otro, igualmente relevante, viene a desplazarlo de nuestra mente y de nuestra conciencia. Los titulares más llamativos, que nos hablan de guerras, catástrofes naturales o de epidemias…son sustituidos al poco tiempo por otros, que desvían la atención general y el sentir de la opinión pública hacia esos nuevos hechos.

Para argumentar esta tesis basta con echar la vista atrás y efectuar un breve repaso de algunos de los acontecimientos más notables de los últimos tiempos y comprobar hasta qué punto  han pasado al olvido generalizado: ¿ Qué pasó de la central nuclear de Fukishima? ; ¿ Cómo ha evolucionado la situación en Túnez o Libia después de sus revoluciones? ;¿ Qué ha ocurrido  tras el encallamiento del trasatlántico “ Costa concordia “?….La muestra podría ser muy amplia y el repertorio de interrogantes sin respuesta , inagotable.

¿Cuáles pueden ser las causas de ese fenómeno y cuáles pueden ser sus efectos? Me atrevería a señalar algunos de ellos. A mi juicio una de las principales  causas radica en la difusión de las modernas tecnologías de la información, que facilitan que ésta llegue “ just  in time “ hasta el último rincón del planeta. Evidentemente ello produce una saturación de información que obliga a los informadores a hacer hueco cada dia para las nuevas noticias que se producen en el mundo, aún a costa de sepultar las anteriores en el olvido.

El poder comunicativo de la televisión sobre los restantes medios de comunicación obliga a éstos , por otra parte, a realizar un esfuerzo adicional para competir con ella, impregnando de sensacionalismo sus titulares, multiplicando histéricamente  sus impactos informativos y obligándose a una actualización permanente del contenido de sus informaciones.

Todo ello produce una actitud deformada por parte de los ciudadanos que , ante ese cúmulo de información, optan por  alimentarse sólo de titulares y de radical  actualidad, soslayando cualquier otra información más elaborada, profunda y persistente. Tal actitud es correspondida por los medios, en un negativo círculo vicioso, añadiendo mayores dosis de superficialidad y de urgencia a sus informaciones.

El balance final es que la opinión pública, los individuos, conocen más, pero saben menos; los impactos informativos resultan epidérmicos y no se interiorizan; la capacidad de análisis y de juicio personal se reducen al carecer de elementos suficientes para proyectarse sobre ellos.

Pero, sin duda, el efecto más negativo de esa banalización de la información es de carácter moral : ante el ingente flujo de información recibida y ante la fugacidad de su presencia, las conciencias se anestesian y la sensibilidad se acorcha; miles de muertos por el hambre, la enfermedad o las guerras se convierten en meras cifras, datos frios y distantes con los que nos desayunamos y que apenas dejan huella en nuestra memoria.

Si queremos evitar que eso suceda, habríamos de ser mucho más exigentes y exhaustivos con la información que se nos proporciona, para trascender los titulares de cada dia  y hacer un seguimiento de la información que transmiten, a fin de evitar que el dolor ajeno nos sea cada vez más ajeno y que los problemas y preocupaciones de los demás  nos sean cada vez más extraños y distantes.

Miguel Angel Arroyo. 28 de mayo de 2012