“Viva en una dirección importante, aunque sea en el sótano; déjese ver por los restaurantes de moda, aunque sólo se tome una copa; y si pide prestado, pida mucho”

El que luego sería uno de los mayores magnates del mundo llego a Argentina con 17 años y 250 dólares en el bolsillo. Trabajando como telefonista, dedicaba casi todo su tiempo libre a formarse en el análisis del mercado financiero.
Con lo poco ganado gracias a operaciones especulativas – y también a los soplos obtenidos en su trabajo de telefonista – decidió apostarlo todo a una carta: construirse una imagen pública de triunfador.
Gracias a esto, y a su lema “Viva en una dirección importante, aunque sea en el sótano; déjese ver por los restaurantes de moda, aunque sólo se tome una copa; y si pide prestado, pida mucho” en pocos meses logró introducirse en la alta sociedad de Buenos Aires y encontrar mentores que le ayudaron en sus primeros pasos.
Cuando abandonó Argentina, transcurridos menos de 9 años, había logrado reunir su primer millón de dolares y una red de contactos que apoyaron sus negocios de por vida.
(Frase original localizada para elocuent.com por cortesía de Vicente Fernández de Bobadilla).

















