Los signos de puntuación nos ayudan a interpretar los textos, nos facilitan la lectura y nos ayudan a entender el significado de las palabras, y no solo cuando leemos sino también cuando hablamos. Su origen data del siglo III a.C. en Alejandría de la mano de Aristófanes, encargado de personal de la famosa biblioteca que acabó harto del tiempo que tardaba en leer los manuscritos al estar escritos sin espacios y sin signos de puntuación, unauténticodolordecabezaparaellectorysuvista.

Esta forma de escribir recibía el nombre de scriptio continua, un estilo que practicaban los griegos como apunta Keith Houston en un artículo publicado en la web de la BBC en el que explica el origen de los signos de puntuación. Pero lo más curioso es que en esa época la falta de signos de puntuación y de espacios no parecía ser un gran problema. En la era digital sin embargo nos hemos ido al extremo contrario al usar en exceso los signos de puntuación para lograr expresar emociones fuertes, sobre todo exclamaciones e interrogaciones.

Ante la falta de signos de puntuación y espacios cada lector era quién debía interpretar el sentido de la frase y decidir dónde empezaba y terminaba cada frase. Imagina el tiempo que tendríamos que invertir hoy en día en leer una y otra vez textos sin espacios ni signos de puntuación para llegar a comprender su significado. Y no hablemos de la cantidad de malentendidos que se producirían si ese tipo de escritura siguiera vigente. Pura gasolina para los grupos de WhatsApp y Twitter.

Y es que el simple hecho de añadir o no una coma puede cambiar totalmente el sentido de una frase y llegar a expresar una idea totalmente contraria, como estos dos ejemplos que se publicaron en el Twitter de El País y en el periódico El Diario Montañés.

Lo que propuso Aristófanes para ayudar a los lectores a leer y entonar adecuadamente fue que se incluyeran en el texto anotaciones con puntos arriba, en medio o debajo de cada línea (comma, colon y periodus). Sin embargo, este novedoso sistema no tuvo mucho éxito y fue abolido tras la llegada de los romanos. «Existía todo un culto hacia el hablar en público, y era de tal magnitud que toda la lectura se hacía en voz alta. Y la mayoría de los estudiosos coinciden en que los griegos y los romanos hacían frente a la falta de puntuación precisamente de esa forma», explica Keith Houston.

En el siglo VII el español Isidoro de Sevilla rescató, tras siglos en el olvido, el sistema de Aristófanes. Sevilla hizo una versión actualizada en la que los puntos mostraban el tipo de pausa que debía hacerse, un método que se sigue utilizando en la actualidad. Un punto bajo para una pausa breve (lo que hoy correspondería a una coma), punto medio para media pausa y punto alto para una pausa larga y que indicaría el final de la frase.

A partir de los puntos de Aristófanes se crearon otros como el punctus versus (punto y coma), el punctus elevatus (que con el tiempo se convertiría en los dos puntos actuales) o el punctus interrogativos, el precursor del signo de interrogación.

El nuevo sistema ideado por Isidoro de Sevilla sirvió para ayudar a los oradores a hablar mejor porque, aunque a veces lo olvidemos las comas y los puntos también son para hablar y no solo para escribir.

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